Foro 1 – Semana 2 (Septiembre 21 – 27) ¿Qué características requiere tener esta persona acompañante? ¿Qué funciones se estima debe cumplir?

Presentación

Algunos colegios han adoptado la figura de acompañante “sombra” en el aula, o algunos padres la han solicitado como mecanismo de inclusión. Vimos en nuestra primera semana de diálogo, que no hay acuerdos básicos al respecto, por un lado porque hay diferencias en las situaciones a tratar, lo que lleva a la sensata decisión de que se requiere un trabajo de caso por caso; pero también vemos que no hay acuerdos elementales entre los sectores que intervienen para definir las condiciones de este proceso que lleve por ejemplo, a situar las funciones a cumplir por dicho acompañante y que favorezcan finalmente al niño o joven en su proceso educativo. Así es muy fácil que diferentes personas asuman esta responsabilidad, un familiar, una empleada o en muy pocas ocasiones un profesional terapéutico, pero finalmente no se sabe muy bien ¿En qué consiste su tarea y cuáles son sus características? ¿Podríamos situar casos específicos para delimitar estas condiciones?

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9 respuestas a “Foro 1 – Semana 2 (Septiembre 21 – 27) ¿Qué características requiere tener esta persona acompañante? ¿Qué funciones se estima debe cumplir?

  1. Estimados participantes y lectores del Foro Virtual: “Acompañante (apoyo o sombra) en el espacio escolar, tensiones y posibilidades”, organizado por la Línea Inclusiones y segregaciones en educación. Contraexperiencias de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá. Finalizadas las tres semanas previstas para esta actividad, que nos convocó a pensar sobre un tema que continúa siendo para debate; les agradecemos por su participación y difusión. A fin de octubre, estaremos compartiéndoles una reseña de lo que ha sido los intercambios.

    Este es el primer Foro que hemos lanzado, auguramos poner a rodar otros temas para conversarlos en estos espacios. Asimismo, los invitamos, como siempre, a visitar nuestra página infanciayjuventud.co

    ¡Hasta pronto!

    Línea Inclusiones y segregaciones en educación. Contraexperiencias.
    La Antena Infancia y Juventud de Bogotá.

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  2. Buenos dias.. Creo que en caso de requerirse el a compañante terapéutico, debe ser una persona capacitada en el tema, sensible, que respete la individualidad del niño, que esté comprometida con el proceso de este.
    También debe saber trabajar en equipo, tener muy claro su rol y objetivos.
    Tener empatía con el niño y sus compañeros de modo que pueda contribuir a establecer un puente de comunicación efectiva.
    Por último, debe poder identificar y aceptar en que momento hacerse a un lado, para fortalecer y respetar la autonomía del niño, lo cual reune el logro de los obetivos.
    Es un apoyo, una ayuda para el niño con TEA, para facilitar la adaptación y comprension del entorno al niño. De esta manera lograr un verdadero proceso inclusivo, en un sistema educativo en crisis como el actual.
    Creo que su participación debe ser considerada como un apoyo, más allá de los egos y temores individuales

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  3. Con respecto a la segunda pregunta del Foro: ¿Qué características requiere tener esta persona acompañante? ¿Qué funciones se estima debe cumplir?, observo que ya sea en esta tanda de participaciones, como en la de la primer pregunta; varias de las intervenciones relanzan la reflexión y se plantean la pertinencia o no de esta figura. Es así que algunos participantes, insisten con la idea de dotar de apoyos al docente –formación, capacitación, recursos, docente auxiliar- y no recurrir al acompañante externo; en tanto esta última decisión, exime a la escuela y al docente de una “verdadera” inclusión.
    Coincido en gran parte con estos puntos de vista y en los argumentos en que están sostenidos. No obstante, creo que hay determinadas situaciones que ameritan acompañante transitorio, como lo han manifestado otros participantes. Lilian Caicedo nos propone situar casos específicos para delimitar la pregunta que ahora nos convoca.
    Pienso en un caso de implante bicoclear en un alumna de primaria, que pasó de una escuela para sordos a escuela regular. Nunca utilizó lenguaje de señas, sino que se maneja con lenguaje oral que ha ido adquiriendo progresivamente. Bien, en el cambio de una a escuela a otra, se recurrió a acompañante, de formación docente y externa a la institución. En un principio esta apoyaba a la alumna gran cantidad de horas, luego se redujeron casi por completo. A la par, su fonoaudióloga, asistió al colegio para conversar con docentes, equipo de orientación y psicología y directivos en más de una oportunidad. No era el único caso de sordera en esta institución, cada alumna implicó un proceso distinto al otro, e inclusive, ellos (estos procesos) fueron sin acompañante.
    Creo que aquí, en este caso que comento, pudimos armar algo. Un acompañante temporal, una especialista que dio algunos lineamientos al cuerpo docente, al equipo de orientación y psicología, a directivos y a esa acompañante. Se hizo entre varios. Saber sobre lo que implica un implante bicoclear, capacitarnos, fue necesario; contar con acompañante también. Pero ello, a la par y por sobre todo, pensando en esa niña en singular.
    El autismo y la psicosis, nos llevan a seguir investigando el rol del acompañante; porque allí la vivencia de intrusión, como expresaba retomando algunos de los comentarios Vilma Coccoz, suele ser mayor. No obstante, hablamos mejor de loS autismos y laS psicosis. Cada sujeto, reitero y ya se dijo, en singular.

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    1. E l acompañante debe ser observador y analítico sin intervenir en público, solo a travéz de charlas educativas para la comunidad estudiantil, debe seguramente tener sesiones privadas y regulares durante el periodo de acompañamiento que no debe durar mas de unos ceinte días, con alguna atividad lúdica, deportiva, expresiva, creativa, etc. que permita establecer vínculo e interactuar con y en, el entorno sistémico del subconsciente de grupo.

      De tal manera que se desarrolle un entorno amigable y de libertad de expresión con fines terapéuticos y educativos bajo conceptos de educación universal

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  4. Buenas noches, sigo sosteniendo que la idea y la manera de propiciar el conocimiento en el niño o la niña no es el formato del aula, en este sentido si los procesos educativos se dan según las necesidades del niño y lo que se hace significativo, los apoyos son los seres cotidianos, conciudadanos que están dispuestos a compartir su saber, es indefinible.
    No se puede homogenizar la diversidad, no se puede requerir un apoyo para llegar a hacer algo como los demás, no es lógico; la diversidad tiene diversas formas de aprender, lo que se necesita es una sociedad con menos barreras para transitar, sin restricciones, sin exclusiones.
    Que función debe hacer la sombra? Ninguna, el sistema debe reformular la escuela, los parámetros las actividades, si necesito apoyo como maestro en una clase, invito a varios padres, no solo del niño en cuestión, a diferentes cuidadores para apoyar la sesión de ese día, me apoyo en otros adultos garantes de la integridad del niño.

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  5. bueno la idoneidad parecería mucho a un ideal , lo que nos deja en un principio de realidad del que hay que tratar de sacar lo mejor …podría ser que existiere un acompañante real asi como lo necesitamos …pero este a su vez se vería coaccionado a desistir en el medio educativo existente …..no hay que tirar la toalla ..según mi percepción …pues en los procesos educativos afortunadamente no dependen el 100 % de un PEI …mejor no dependen de lo que esta e el papel o en las virtudes físicas locativas ..de estos entes .lograr articular este acompañante en el mdelo existente y en nuestra idiosincrasia es un reto que va mas alla de definir las características d idoneidad de est nuevo alter ego docente …je je je . perdón por la ironía ..asi soy yo …Bueno, mi idea iicial suelta no maquinada es que debe ser un sujeto ético con mayúscula como se decía antes para denotar un abanico de todo lo q se deba incluir …je je je … esto parece una banda bohemius…

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  6. la institucion educativa en su afán de consecución de logro y desesperada por proteger su imagen al exterior, suele ser violenta con los niños en general, y en especial con los niños en condición de discapacidad, por lo que el acompañante debe tener como principal función posibilitar que la institucion acoja la condición del niño,posibilite la transformación institucional para que el proyecto pedagógico o características institucionales no violenten las condiciones particulares del niño, así como acercar a el todo de la comunidad educativa a la condición particular del niño ,debe ser mas un facilitador para hacer posible que la institucion llegue al niño y no el niño a la institucion, debe construir caminos de encuentro entre la comunidad educativa y el niño en su particularidad.
    lo que nos lleva a reconocer como una característica indispensable el tener la claridad y el discernimiento para reconocer que el objetivo institucional y el método no puede estar por encima del niño en su condición.

    retomare para mas comentarios en una próxima intervención.

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  7. Un saludo. Lo primero es felicitar la realización de este foro. Lamento no haber podido participar en él durante el intercambio del primer tema, por lo que me atrevo ahora a responder a las dos primeras preguntas en una sola respuesta.
    En realidad no creo que la figura del acompañante sombra, o de el acompañante en el aula, corresponda a una necesidad de los niños. Más bien su existencia, o más bien su posibilidad, se origina en temores de los padres de familia, en limitaciones de los maestros y las maestras y, en general, en debilidades de la institucionalidad educativa que tenemos.
    Desde el punto de vista de la educación inclusiva como práctica y como concepto, el acompañante sombre resulta un despropósito y una contradicción de términos. Esto por los siguientes motivos:
    1. La idea del acompañante sombra refuerza la división de los niños en normales y en anormales. Unos niños que sí pueden ser autónomos, que pueden participar y que pueden ser ellos mismos; y otros que requieren atención especializada y que necesitan un acompañante, un otro para poder ser y para poder mantenerse en el mundo siendo como se supone deben ser. Eso sí hemos evolucionado y, – reforzando esa actitud tan nuestra de lograr hacer las cosas que no son políticamente correctas sin que se note -, hemos denominado ahora al acompañante como “sombra”, algo que está siempre, pero que no ocupa un lugar, alguien que interviene pero de forma tal que podemos mantener el simulacro de reconocer al otro como un semejante independiente. Es realmente extraño: llamamos sombra al tutor de la libertad de los niños, una especie de acompañante que tutela pero que no se manifiesta; algo termina alienando al sujeto.
    2. La existencia de los acompañantes sombra se justifica en una idea de normalización opuesta totalmente al propósito de flexibilización de los contenidos y de las prácticas educativas que defiende la educación inclusiva. El acompañante sombra se justifica para ejercer las mediaciones que en teoría le cuestan a sus acompañados, para reforzar los comportamientos que se hacen complicados de asumir, y para garantizar, en apariencia, unos resultados académicos que todo niño “normal” requiere para ser parte de la escuela. El acompañante sombra así se muestra como un mecanismo normalizador e integrador de los niños, y no como una oportunidad para su inclusión.
    3. Esa aspiración normalizadora se refuerza con la creencia en que el papel del acompañante sombra es garantía del acompañamiento extra que el niño requiere en teoría para aprender lo que debe aprender en los momentos en que se prescribe lo deben aprender. En como si se creyera que en lugar de transformar currículos y prácticas es preferible una especia de herramienta mágica, el acompañante sombra, para garantizar el aprendizaje de los niños. Nada más lejano al pensamiento inclusivo.
    4. Es imposible evadir, en consecuencia con lo anterior, el carácter terapéutico del acompañamiento sombra. Este aparece para rehabilitar, para corregir, para mitigar, para controlar, en síntesis para curar. Así se mantiene esa idea de la educación de las personas con discapacidad como terapia ocupacional, así se perpetua la idea de la primacía de unos saberes, los de la salud, sobre la pedagogía en los procesos educativos. Así en síntesis se perpetua el negocio de la atención especializada, de las instituciones que no segregan ya en espacios institucionales, sino que lo hacen en medio de las aulas sin ningún rubor. No sobra preguntarnos por qué las instituciones prestadoras de salud defienden ahora la figura del acompañante sombra. ¿Será que en sus cuentas este acompañamiento resulta más barato que intervenciones ABA en niños con autismo, más barato que procesos de rehabilitación integral en niños con discapacidad física, o más barato que la formación tiflológica el niños ciegos, para dar unos ejemplos? Parece. Hay que decirlo como es: los acompañantes sombras que tenemos no son personas con alta formación y con salarios profesionales, son cuidadores que no tienen el reconocimiento económico que proceso terapéuticos serios necesitan. También resulta más barato el acompañante sombra que cumplir la ley y hacer que los colegios tengan los maestros de apoyo que los parámetros establecen.
    5. En tanto mediador de las interacciones de los niños con sus compañeros y maestros, el acompañante sombra ensombrece la autonomía y la independencia de los niños con discapacidad; ensombrece sus posibilidades de participación desde lo que uno es que promueve la educación inclusiva.
    6. El acompañante sombra se convierte en un extraño que forma parte de los grupos, pero que no es miembro de ellos. Es decir interfiere no sólo en las relaciones de los niños con discapacidad, también es un elemento extraño para los otros niños y para los mismos maestros, una rueda suelta que no forma parte, sino que está ahí de manera autoritaria.
    Podría seguir. Sin embargo señalar la contradicción del acompañante sombra no debe asumirse como una negación de la necesidad de apoyos, adecuaciones y ajustes en los procesos de inclusión educativa. Como decía Mónica Cortes al principio del foro, y como bellamente insiste Margarita Posada: los apoyos son al colegio, porque los niños requieren de atención de cuidado terapéutico por fuera de las aulas. El apoyo es al colegio, a la institución, a los maestros. Eso se supone que hace el maestro de apoyo que es la figura que se debe fortalecer. Es un apoyo pedagógico, no terapéutico insisto, este se realiza en otros ámbitos, a ver si los niños con discapacidad tienen la oportunidad de ser niños al menos durante sus horas de escolarización.
    Esto lleva a responder muy rápido a la segunda pregunta. Las funciones que se requieren le quitan a esa persona el rol de acompañante. No debemos caer en la demagogia de las preguntas que asumen, al preguntar las características que se requieren, las necesidad del acompañante. Las funciones de apoyo que se necesitan hacen que no sea un camino el acompañamiento individual a los niños, más bien fortalecimiento de la pedagogía, de los currículos, de las prácticas y de las formas de evaluación. Necesitamos maestros de apoyo y no acompañantes sombra.
    .

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  8. Sigo con atención esta iniciativa del FORO. Creo, según lo he adelantado en la pregunta de la semana anterior, que no se trata del cumplimiento de requisitos académicos definidos ni en una acumulación de condiciones rígidas preconcebidas los que la persona dispuesta a hacer de palanca de apoyo en el proceso de inclusión pedagógica para un niño, debe cumplir. Hay un rasgo esencial que da cuenta de las ganas de hacer de puente, de vinculación con la escuela. En este sentido no veo decisivo que el o la acompañante en aula sea una terapeuta. La escuela es un escenario educativo, no terapéutico. De hecho aprender o ganar saber para cualquiera es en si mismo terapéutico, no entendería por qué habría que hacer una suerte de “redoblamiento” de lo que aquí significa un beneficio terapéutico.. Quien consiente a acompañar a otro en un proceso vital como el de la inclusión en la escuela, debe dejar de lado toda idea de experticia infalible y también la idea de que sabe de un niño porque sabe algo del padecimiento que tiene, porque sabe de la categoría diagnóstica que lo clasifica. No es fácil ser un apoyo porque implica despojarse de un saber predeterminado para estar muy atento a las elaboraciones y posibilidades propias del niño, ninguna imposición, más bien una atención genuina y dócil para entender las dificultades de ese niño en particular y a partir de éstas, las condiciones más convenientes para la inclusión en su proceso escolar. Sí creo necesario pensar en una formación para quienes se prestan de apoyo para el niño, pero una formación basada no solo en el saber sobre el autismo en general, sobre lo que se ha encontrado, sobre el enigma que representa, sobre los testimonios de los autistas que han escrito; también pensar en una formación derivada del trabajo en red con otros que apoyan el proceso del niño, que prevalezca los hallazgos del trabajo más que las respuestas elaboradas de antemano ¿Qué hacemos con técnicas sofisticadas, con explicaciones acabadas, con condiciones de infraestructura desarrollada en los colegios, con sistemas preconcebidos de adecuación curricular para uno u otro diagnóstico, si no entendemos que podemos encarnar para un niño un cambio radical en la deriva de su destino? Es una elección de deseo con una implicación ética muy grande. Un claro ejemplo de esto lo vimos quienes asistimos a la III Semana del Autismo en Bogotá, en agosto pasado, en la cual se lanzó el estreno de la película “El cielo es azul porque la noche está apagada”. Película francesa hecha por Violette Ayme, quien trabaja como niñera de Mahé, un pequeño de once años con autismo. Es una gran lección de un encuentro afortunado. A mi manera de ver esta niñera nos acerca con su película, a lo que está en juego en la función de apoyo para aquel que sufre excesivamente en su posición de aislamiento del Otro.

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